Cargas ideológicas. ¿Qué podría venir a la cabeza cuando se habla de esto en una película? Y más aún, ¿qué significa que una obra posea carga ideológica? Y antes que cierren la página y busquen otra cosa para hacer, quiero avisar que no pretendo contestar esa pregunta (los más acérrimos críticos saben que hay millones de libros acerca de eso) pero sí ejemplificarla de alguna manera. Pero antes que nada, digamos que la carga ideológica cinematográfica es el grado en que una película habla sobre algo, comúnmente relacionado al tema de lo social. Así que sabiendo lo básico, adentrémonos en una película que de ideológica tiene hasta el título.12 de años de esclavo es un drama dirigido por Steve McQueen (Hunger, Shame) que nos traslada a la lejana pero atroz época de 1850, cuando los derechos humanos eran solo síntomas de delirios febriles. El film se desarrolla en Estados Unidos, en los condados de Washington y Nueva Órleans (mayormente). La historia que nos cuenta McQueen es la de Solomon Northup, un violinista y músico afroamericano con sus papeles de libertad al día, quien desafortunadamente es engañado y cae en manos de esclavistas del condado de Nueva Órleans. En ese momento Solomon adquiere el nombre de Platt y pierde toda la libertad de la que alguna vez gozó, convirtiéndose en un mero esclavo que, para su desgracia, sabía leer y escribir. A partir de allí, comenzamos el viaje en el que acompañaremos a Solomon/Platt por esos 12 cruentos años de su vida.
Empecemos por el punto más fuerte del film, aunque encontrarlo es como tratar de buscar lo más rico de una paella española, simplemente es todo rico. Visto y considerando esto, lo que para mí es uno de los frentes de ataque más satisfactorios que usa McQueen en esta película son las actuaciones. Primero, como protagonista de esta odisea tenemos a un estupendo Chiwetel Ejiofor (2012, Children of Men) interpretando a Solomon Northup, en uno de sus mejores papeles hasta ahora. En segundo lugar, pero no menos importante, emerge de la nada la señorita Lupita Nyong'o con una performance que honestamente me dejó la boca abierta. Definitivamente, ambos actores son candidatos muy fuertes para el Oscar a mejor actor y mejor actriz de reparto de este año. Sin embargo, no hay que olvidarse del excelente reparto que completa la grilla, entre los cuales se destacan Michael Fassbender, Paul Dano, Brad Pitt, Sarah Paulson, Paul Giamatti, Alfre Woodard, entre otros.
Otro de los hilos centrales que sostiene a este film en lo alto es nada más y nada menos que la dirección de Steve McQueen. La cinematografía y la fuerza que irradia cada fotograma es de tal magnitud que en algunas escenas no necesita diálogo ni una tremenda actuación para expresar un sentimiento o incluso una idea, solo imagen y sonido. Cada escena, hasta las más cruentas, puede congelarse y enmarcarse conformando un cuadro exquisito que no podemos dejar de ver. Los enfoques y la fotografía que usa este señor son posiblemente de otro planeta, lo cual afirma y reafirma su claro talento innato con la cámara. Con una estupenda dirección de fotografía y un sonidista de aquellos, McQueen coordina un universo que se sale de la pantalla y queda impreso en nuestra mente. Inolvidable.
Obviamente que otros elementos entran en juego para hacer de esta película una de las mejores que vi en 2014 hasta ahora, y para agregar a McQueen a mi lista de directores predilectos. Entre esos elementos se encuentra un guión muy bien estructurado y potente, cargado de crítica social hacia esa época y hacia nosotros mismos, al ponernos en piel no solo de las víctimas sino también de los victimarios. Y aquí entra en juego lo que dije al principio sobre carga ideológica. Esta abunda en un sentido fluído, y esta no nos bombardea con pensamientos de odio sino que nos permite pensar y reflexionar sobre esa época y sobre las decisiones que cada uno de los personajes tomaba. Incluso, al final de la película, con unas simples frases y con ausencia de diálogo se nos comunica una posición del guionista con respecto a esta película. No es un guión superficial, sino que se mete en profundidad en el tema, "destripando" todos sus recovecos frente a nuestros ojos. Y digo esta palabra porque es así, no se nos da un segundo de descanso, porque el ritmo que tiene McQueen es bastante rapidito, así que no pestañeen... No, en serio. No pestañeen.También, la ambientación, el diseño de vestuario y los efectos especiales son muy efectivos a la hora de terminar de construir esta gran obra, de la cual seguramente oiremos en los oscar de este año.
El único punto en contra que le reprocho a McQueen es el hecho de haberme hecho llorar como un marrano la mitad de la película. Pero fuera de eso, está todo más que perfecto. Este no es un film fácil de ver pero vale la pena echarle un vistazo, estoy seguro de que nadie se va a decepcionar.

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